Mientras el gobierno estatal simula control, el crimen organizado impone su ley asesinando ediles en sus propias oficinas. La entidad está rebasada.
Horas después de que la presidenta Claudia Sheinbaum anunciara su visita a Morelos para encabezar el Gabinete de Seguridad, la cruda realidad le asestó un golpe brutal al discurso oficial.
El alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero, fue ejecutado a sangre fría y a plena luz del día.
El escenario del crimen no fue un callejón oscuro, sino sus propias oficinas dentro del Ayuntamiento. Dos sicarios entraron sin resistencia, le arrebataron la vida y huyeron impunemente en motocicleta rumbo a Popotlán.
La ambulancia ni siquiera llegó a tiempo. A mitad del trayecto, los paramédicos confirmaron que el edil ya había fallecido.
Este magnicidio desnuda una verdad insoslayable: la estrategia de seguridad de la gobernadora Margarita González Saravia es un rotundo y sangriento fracaso.
Hace apenas unos meses, el gobierno federal presumió el envío de 1,200 elementos de la Guardia Nacional al oriente de Morelos para pacificar la región y frenar a los cárteles.
El despliegue militar fue una mera ilusión óptica. El refuerzo no logró contener el clima de terror que hoy asfixia a la entidad.
El mensaje de los cárteles es aterrador y directo. Las células criminales penetran las sedes de gobierno con total descaro, exhibiendo a un Estado arrodillado.
Lavín Romero, abanderado del Partido Verde en su segundo periodo, no era ajeno a la tormenta. Figuraba en una lista de 16 alcaldes morelenses vinculados al crimen organizado, misma que la Secretaría de Seguridad entregó a la Fiscalía General de la República.
Sus nexos eran un secreto a voces. En enero pasado, el edil sobrevivió de milagro a un atentado carretero donde fue baleado.
El lodo salpicaba directamente a su primer círculo. Su suegra, Andrea Angelina Zamora, alias “La Patrona”, fungía como tesorera y lideraba a “Los Huazulcos”, una violenta célula criminal.
Esta banda, también conocida como «Los Aparicio», desató una carnicería en la región oriental por el control del territorio frente al Cártel del Pacífico.
Tras un largo historial de detenciones por secuestro exprés, extorsión y narcomenudeo, hoy “La Patrona” duerme en el penal de Atlacholoaya, mientras su esposo opera las extorsiones desde una cárcel poblana.
Esta radiografía criminal fue entregada a la gobernadora González Saravia desde su llegada al poder. Los nombres de los ediles de Tlaquiltenango, Amacuzac y Cuautla estaban sobre su escritorio.
Sin embargo, la inacción gubernamental terminó por normalizar la tragedia. El asesinato de alcaldes en Morelos se ha convertido en una estadística cotidiana.
¿De qué sirvieron los helicópteros, los “Murciélagos” del Ejército y las unidades de asalto? De absolutamente nada.
Hoy, las autoridades estatales anuncian el clásico y estéril “operativo de rigor para dar con los responsables”. Una simulación más para los micrófonos.
Sheinbaum encontrará este viernes una región hundida en la inseguridad. Un Morelos donde la impunidad es ley, los cárteles gobiernan y la administración estatal simplemente no existe.



