*La captura de Homero Figueroa Meza revive una de las fotografías más incómodas del sexenio de Cuauhtémoc Blanco y reabre interrogantes sobre los vínculos entre política, poder e influencia criminal en Morelos.
POR DANIEL ROMERO
La reciente captura de Homero Figueroa Meza, alias La Tripa, líder del grupo criminal conocido como Comando Tlahuica y considerado uno de los objetivos prioritarios de seguridad en Morelos, ha vuelto a colocar bajo los reflectores una de las imágenes más polémicas de la vida política reciente del estado.
Se trata de la fotografía que se viralizó en 2022 y que mostró al entonces gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, acompañado por algunos de los principales líderes criminales de la entidad.
Aquella imagen provocó un escándalo de alcance nacional. En ella aparecían Irving Solano Vera, El Profe, identificado como jefe regional de Guerreros Unidos; Raymundo Isidro Castro, El Ray, operador del Cártel Jalisco Nueva Generación; y el propio Homero Figueroa Meza, La Tripa.
Con el paso del tiempo, la fotografía no ha perdido vigencia. Por el contrario, cada nueva detención relacionada con sus protagonistas reaviva las preguntas que nunca fueron respondidas de manera convincente.
Cuauhtémoc Blanco negó entonces conocer a los personajes retratados. Su explicación fue simple: se tomaba fotografías con muchas personas y no tenía forma de saber quiénes eran.
Sin embargo, distintas versiones ofrecieron un contexto distinto.
En este mismo espacio se documentó que, durante su gestión como alcalde de Cuernavaca, entre 2016 y 2018, Blanco convocó a varios presidentes municipales de la región oriente de Morelos a una reunión realizada en una parroquia de Yautepec.
Según relató en su momento el entonces alcalde de Yautepec, Agustín Alonso, en aquel encuentro estuvieron presentes personajes cercanos al exfutbolista, entre ellos su colaborador Edgar Riu, su operador político José Manuel Sáenz y el senador Ángel García Yáñez.
Pero no solo acudieron actores políticos.
También estuvieron presentes los tres jefes criminales que años después aparecerían en la fotografía que dio la vuelta al país.
De acuerdo con diversos testimonios, el objetivo era buscar acuerdos para disminuir los niveles de violencia en Morelos. En aquella reunión, El Ray habría planteado a los alcaldes la entrega de recursos públicos a cambio de mantener la estabilidad en determinadas regiones.
Con los años, dos de los protagonistas de aquella imagen fueron detenidos. El Ray cayó en 2019 y El Profe fue capturado en 2021.
La excepción fue La Tripa.
Durante todo el sexenio de Cuauhtémoc Blanco permaneció activo y fortaleció su presencia territorial. Investigaciones desarrolladas posteriormente por autoridades estatales y compartidas con instancias federales ubicaron su influencia en municipios como Ayala, Cuautla, Jantetelco, Yecapixtla y Zacualpan.
La historia adquiere una dimensión aún más delicada con la reciente revelación realizada por el alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui.
Según confirmó el edil, Homero Figueroa Meza formó parte de la nómina municipal cuando Cuauhtémoc Blanco encabezaba el Ayuntamiento. Se desempeñó como asesor jurídico del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC) y percibía un salario cercano a los 70 mil pesos mensuales.
El dato resulta especialmente relevante porque coloca a un personaje posteriormente identificado como líder criminal dentro de una estructura gubernamental durante la administración del hoy exgobernador.
Fue precisamente en esos años cuando el grupo político encabezado por Blanco, su hermano Ulises Bravo y José Manuel Sáenz comprendió el enorme peso económico y político que representaba el control de los sistemas hidráulicos y de riego en Morelos.
Ya instalado en la gubernatura, el interés se desplazó hacia la Asociación de Usuarios del Río Cuautla (ASURCO), organismo que administra las aguas de riego que abastecen buena parte de la región oriente del estado.
Históricamente, ASURCO ha desempeñado un papel estratégico en la defensa del caudal del Río Cuautla frente a proyectos industriales, energéticos y grandes consumidores de agua.
A través de convenios y negociaciones con dependencias federales como CONAGUA, SADER y la Comisión Federal de Electricidad, la organización maneja recursos millonarios cada año, lo que la convierte en un espacio de enorme relevancia económica y política.
Diversas investigaciones sostienen que durante el sexenio pasado La Tripa amplió su influencia sobre asociaciones de riego y actores políticos de varios municipios de la región.
La violencia tampoco estuvo ausente.
El asesinato del activista Samir Flores, opositor al Proyecto Integral Morelos y a la termoeléctrica de Huexca, marcó uno de los episodios más dolorosos y controvertidos en la historia reciente de la entidad. Desde entonces, distintas líneas de investigación han intentado reconstruir los intereses políticos, económicos y criminales que convergían en esa zona.
Paralelamente, el fortalecimiento político de Morena en la región coincidió con un periodo de creciente acumulación de poder territorial por parte de diversos grupos de influencia.
Mientras tanto, Cuauhtémoc Blanco ha procurado mantener un perfil cada vez más discreto. Los escándalos, las investigaciones y las controversias que rodearon su administración parecen haberlo llevado a una estrategia de bajo perfil.
Sin embargo, la captura de Homero Figueroa Meza vuelve a colocar sobre la mesa preguntas que permanecen abiertas.
Porque más allá de una fotografía, lo que está en juego es la explicación de una época marcada por la convivencia entre poder político, estructuras gubernamentales e intereses criminales.
Y es precisamente ahí donde radica la verdadera preocupación para el exgobernador.
La Tripa ya no es solamente un líder criminal detenido.
Es el recordatorio permanente de uno de los capítulos más incómodos y controvertidos de la historia política reciente de Morelos.
Una piedra en el zapato que amenaza con romper la tranquilidad del Cuau.



