La regidora y el llanto solitario
José Luis Ortega Vidal
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En Acayucan, una regidora llora por los momentos difíciles y tristes que vive su entorno familiar.
Se trata de una funcionaria que ha confrontado al poder oficial vía denuncias formales por violaciones a la ley de parte de quienes protestaron defenderla, y a través de señalamientos desde sus redes sociales.
El llanto remite a su padre encarcelado porque su hija cumplió con el deber político; de acuerdo a la lectura desde la sociedad, testigo del oprobio oficial.
Hay un abuso de poder.
Se ha usado, se emplea el poder de Estado para someter al rival poseedor de pruebas y argumentos sólidos contra la corrupción.
Y quienes abusan de ese poder, efímero por definición, hablan -sin freno- de paz y amor montados en el auto elogio y la hipocresía.
La regidora seca el llanto, sola; porque en política los socios del ayer son los amigos falsos del presente…
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Existe el contexto de las acusaciones: una previa en torno a presuntos abusos desde su labor como Notario Público con asignación al municipio de Catemaco y otra actual por un presunto fraude contra una ciudadana de la zona de Los Tuxtlas, en Veracruz.
Pero existe al mismo tiempo la aparición en este escenario, de la casualidad o la causalidad en el ámbito del poder.
El notario preso es Fernando Mendoza Villanueva y la regidora acayuqueña que llora es su hija Montserrat Mendoza Arvea.
Se viven momentos tensos en Acayucan, al sur de Veracruz: en lo político, en lo social, en lo económico y en materia de inseguridad.
Un sector de la sociedad, conocedora de la trayectoria pública del fedatario y de la joven edil, manifiesta en el escenario público su inclinación hacia la causalidad y rechaza la casualidad con respecto al ajedrez político en juego en la llamada Llave del Sureste, en el sur veracruzano.



