*A pesar de los discursos oficiales, la entidad gobernada por Margarita González Saravia enfrenta una brutal crisis de extorsión, alcaldes coludidos y disputas territoriales que cobraron una docena de vidas en apenas 36 horas.
POR MANUEL FLORES
Un estudiante universitario acribillado a bordo de su vehículo en Jiutepec y una pareja de adultos mayores asesinada en Oaxtepec marcan el inicio de esta reciente tragedia.
A estos crímenes se suma el alarmante hallazgo de víctimas mortales y restos humanos envueltos en cobijas en comunidades como Teozoyuca y el municipio de Zacatepec.
La ola de violencia también alcanzó la zona metropolitana de Cuernavaca, donde un hombre perdió la vida a tiros a las puertas de una escuela secundaria.
El saldo de esta jornada es verdaderamente devastador para la sociedad civil: una docena de muertes violentas en el territorio morelense en un lapso de apenas treinta y seis horas.
Esta escalada criminal coincide con la difusión de material audiovisual donde presuntos grupos armados lanzan fuertes amenazas directas contra el sector comercial de Cuautla.
El mensaje de los delincuentes es claro: quienes se nieguen a pagar el llamado cobro de piso o a distribuir sustancias ilícitas enfrentarán ataques directos en sus propios negocios.
La sombra de la narcopolítica
Aunque las autoridades estatales presumen una reducción estadística en los homicidios, la realidad en las calles muestra que la extorsión ha regresado a niveles críticos.
Diversos especialistas advierten que la crisis actual es consecuencia directa de la profunda infiltración del crimen en la política, una compleja red heredada por la administración de Cuauhtémoc Blanco.
Los reportes de seguridad e inteligencia documentan graves nexos criminales de autoridades municipales y actores políticos pertenecientes a diversas fuerzas partidistas.
Existen señalamientos formales contra perfiles que operan en alcaldías estratégicas como Emiliano Zapata, Temoac, Totolapan, Tetecala, Jiutepec y Xochitepec.
El caso más representativo ocurrió el pasado mes de mayo con la aprehensión del entonces presidente municipal de Cuautla, acusado de mantener oscuros nexos delictivos tras permanecer prófugo.
Sin embargo, la detención de varios ediles en la región no logró pacificar el estado; por el contrario, desató agresivos reacomodos y recrudeció las disputas por el poder.
Un territorio fragmentado
Actualmente, una constelación de organizaciones criminales mantiene una guerra sin cuartel por el control absoluto de las rutas, el territorio y la economía local.
La región centro vive el constante choque entre diversas células delictivas, mientras que el oriente y el surponiente sufren la violenta irrupción de cárteles de alcance nacional.
Los informes de inteligencia ubican a una agrupación liderada por alias «El Barbas» como una de las fuerzas dominantes, con presencia confirmada en al menos once municipios.
A este complejo mapa delictivo se suman facciones locales que imponen su ley en Cuernavaca, Yautepec y Huitzilac, desafiando abiertamente la capacidad de las instituciones de seguridad.
A punto de cumplir su segundo año de gestión, el gobierno de Margarita González Saravia enfrenta un escenario adverso y una crisis de percepción ciudadana innegable.
Morelos se mantiene entre los siete estados que concentran el mayor número de delitos de alto impacto, evidenciando que el Estado de derecho sigue siendo una gran deuda pendiente.


