DEPORTE SIN CENSURA / POR HÉCTOR GATICA GUEVARA
Hay una realidad incómoda que muchos padres se niegan a aceptar: la disciplina que no se construye en casa termina convirtiéndose en un conflicto en la escuela y en un problema dentro del terreno de juego.
Hoy, algunos confunden amor con permisividad, respeto con obediencia opcional y autoridad con maltrato. ¡Vaya error! Educar no significa conceder todos los caprichos, justificar cada berrinche ni convertir al hijo en víctima cada vez que alguien le exige cumplir una regla.
Desde la perspectiva deportiva, el asunto es todavía más evidente. En una cancha, las reglas no se negocian según el estado de ánimo del jugador. El entrenador exige puntualidad, compromiso, respeto, esfuerzo y trabajo en equipo. El árbitro sanciona las infracciones, y el marcador no se modifica porque alguien se moleste ante las consecuencias de sus actos.
¿Qué sucede cuando un niño crece sin límites? Llega al entrenamiento creyendo que puede cuestionar toda instrucción, abandonar una actividad cuando se cansa, faltarle al respeto al entrenador o culpar al árbitro cuando pierde. Y lo más preocupante: cuando alguien intenta corregirlo, aparecen los padres convertidos en abogados defensores de conductas que deberían ayudar a corregir.
¡Señores, educar no es aplaudirlo todo! Es enseñar que las decisiones tienen consecuencias, que el respeto es obligatorio y que nadie tiene privilegios por encima de las reglas.
Por supuesto, la disciplina jamás debe confundirse con violencia, humillación o autoritarismo. Un entrenador profesional corrige con argumentos, establece límites claros y forma personas, no máquinas de obedecer. La autoridad se ejerce con firmeza, congruencia y respeto.
El deporte es una extraordinaria escuela de vida porque enseña a perder, levantarse, compartir, perseverar y entender que el talento sin disciplina termina siendo una promesa desperdiciada.
La reflexión es contundente: si en casa todo se permite, no culpemos a la escuela cuando comienza a exigir; y si el deporte establece reglas, no ataquemos al entrenador por hacer su trabajo.
En Deporte sin Censura lo decimos sin anestesia: ¡LOS HIJOS NO NECESITAN PADRES QUE LES JUSTIFIQUEN TODO, SINO ADULTOS QUE LES ENSEÑEN A RESPONDER POR SUS ACTOS!
Porque formar campeones comienza mucho antes del silbatazo inicial: comienza en casa, con valores, límites y ejemplo.









