Dr. Rafael Vela Martínez
Veracruz está cambiando de edad con rapidez. Según la serie del INEGI, su edad mediana aumentó tres años entre 2020 y 2025: de 31 a 34 años. Dicho de otro modo, la mitad de sus habitantes tiene ahora 34 años o menos y la otra mitad, 34 o más. Es una señal clara de envejecimiento demográfico, aunque por sí sola no indica cuántas personas mayores viven en cada municipio ni explica cuánto del cambio se debe a menos nacimientos, migración o mortalidad.
De acuerdo con los resultados de la Encuesta Intercensal del INEGI 2025, en el estado de Veracruz hay 12.2 personas de 65 años o más por cada 100 habitantes (lo que equivale al 12.2 % de la población total). Esto significa que el estado de Veracruz ha caído en un estado de Vejez demográfica (no primeros síntomas de vejez o estado intermedio). Con esta proporción, Veracruz se ubica como la tercera entidad federativa con mayor porcentaje de adultos mayores en todo el país, superada únicamente por la Ciudad de México (14 %) y Morelos (12.3 %). Este incremento refleja el acelerado proceso de envejecimiento demográfico en la región, considerando que en el 2020, la población de 65 años y más representaba aproximadamente el 8.2% de la población total de la entidad.
Otra información relevante que arroja la Encuesta Intercensal es que en el ámbito de la salud se advierte una transformación estructural relevante, caracterizada por un menor reconocimiento de cobertura pública y una mayor dependencia del sector privado; es decir, la población con afiliación o acceso reconocido a instituciones de servicios públicos de salud disminuyó del 75.2 % al 66.4 %; ante la baja en la cobertura pública, la población que opta por consultorios, clínicas u hospitales privados aumentó del 13.6 % al 23 %; incluso, es de mencionarse que el uso de consultorios adyacentes a farmacias creció del 12.8 % al 17.8 %. En conjunto, los servicios privados y los consultorios de farmacia ya concentran más del 40 % de la atención médica que buscan los habitantes de Veracruz.
Algo preocupante es que Veracruz redujo su población total, al pasar de 8 millones 62 mil 579 habitantes en 2020 a una población estimada de 7 millones 917 mil 876 personas en 2025. Significa una reducción de 144,703 personas, alrededor de 1.8 %. Es una señal que exige estudiar qué ocurrió en cada municipio y grupo de edad. La cifra por sí sola no permite afirmar que toda la pérdida se deba a que nacen menos niñas y niños: también debemos examinar las defunciones incluyendo las causadas por la PANDEMIA del COVID-19, así como la migración debido a la falta de empleos. Para la planeación pública, la pregunta decisiva sería ¿dónde disminuye la población, quiénes se van y qué capacidades productivas y sociales pierde cada región?.
Es importante señalar que una población menor puede significar menos trabajadores y consumidores en algunos territorios, especialmente si se van personas jóvenes. En un municipio rural, esto puede dificultar el relevo de quienes cultivan la tierra; en una ciudad, puede reducir la disponibilidad de personal para empresas y servicios. Pero no existe una relación automática entre menos habitantes y menos producción: el resultado dependerá de la productividad, los salarios, la inversión y la capacidad de conservar y atraer talento, por ello los gobiernos municipales y de la entidad veracruzana deben realizar diagnósticos, ya que la Universidad Veracruzana atraviesa por una coyuntura negativa, donde actualmente no está interesada en realizar estos estudios que soporten el diseño de políticas públicas.
En los Atlas Económicos de Veracruz 2025, que recientemente dimos a conocer y que están para descarga gratuita en la página de www.enfoqueveracruz.org, mostramos que manufactura, servicios y comercio están distribuidos de manera desigual. Por ello, el cambio demográfico tampoco tendrá el mismo efecto en Veracruz–Boca del Río que en una localidad serrana. La respuesta económica debe construirse por regiones: fortalecer cadenas agroindustriales, conectar proveedores con ciudades, ampliar servicios especializados y generar empleo formal donde hoy faltan oportunidades.
Quizás nuestros amables lectores se preguntan: ¿Por qué se insiste en una respuesta regional y no solamente estatal? La respuesta tiene que ver con el hecho de que un promedio estatal oculta situaciones opuestas. Una ciudad puede atraer hogares y requerir más vivienda y transporte, mientras una comunidad serrana pierde población joven y necesita mejores caminos, atención médica móvil y apoyo productivo. En el libro Sistema de Ciudades de Veracruz propuse articular ciudades medias e intermedias con sus territorios rurales. Los Atlas Económicospermiten identificar las actividades y capacidades de cada municipio; los estudiosque hemos realizado sobre condiciones de vida de la población indígena muestran dónde se acumulan rezagos de acceso.
Mi propuesta es cruzar la nueva información demográfica con empleo, actividad agrícola, infraestructura y servicios, municipio por municipio. Así podremos decidir dónde fortalecer escuelas, centros de salud, sistemas de cuidado, conectividad y oportunidades productivas. En este contexto ¿Cuál sería la decisión pública más urgente?. Considero que sería elaborar un diagnóstico de cambio demográfico por municipio y Región Metropolitana, de tal forma que distinga pérdida de población, envejecimiento, migración, formación de hogares y acceso a servicios. Con esa base, hay que poner en marcha dos tareas simultáneas: crear empleo formal y productivo para que la población joven tenga razones para permanecer o regresar, y adaptar salud, vivienda, transporte y cuidados a una sociedad que envejece. Veracruz no enfrenta solamente una variación en el número de habitantes. Enfrenta un cambio en quiénes viven en cada territorio y qué necesitan para vivir bien. La respuesta debe ser planeación regional con inversión verificable y servicios accesibles.


