Dr. Rafael Vela Martínez
Veracruz enfrenta hoy una de las crisis estructurales más profundas de su historia
reciente: un campo debilitado, una industria estancada y más de 145 municipios
atrapados en condiciones de pobreza y rezago económico. Frente a este escenario
la pregunta es inevitable: ¿cómo puede una entidad con enorme potencial
agroindustrial, energético y territorial permanecer en el atraso?
La respuesta es tan incómoda como evidente: Veracruz no ha convertido a su
principal institución de educación superior en el motor del desarrollo regional; es
decir, la Universidad Veracruzana (UV) es un potencial desaprovechado. La UV
cuenta con capital humano altamente calificado e infraestructura científica; sin
embargo, su impacto en el desarrollo económico ha sido limitado por una débil
vinculación con el sector productivo y una preocupante centralización de sus
funciones. De hecho, los datos son contundentes: la cobertura universitaria apenas
alcanza el 18% del territorio estatal; más del 85% de la matrícula se concentra solo
en 6 ciudades; la universidad no ha logrado expandirse al ritmo que exige el
crecimiento poblacional y productivo. El resultado es un círculo vicioso: baja
formación de capital humano en regiones marginadas, escasa innovación
productiva y perpetuación de la pobreza.
Mientras Veracruz enfrenta estas carencias, la propia universidad ha dejado de
ejercer recursos que pudieron cambiar su destino. Entre 2021 y 2024, la UV registró
un subejercicio acumulado de más de 5,561 millones de pesos que pudieron
financiar investigación científica, innovación tecnológica, infraestructura educativa y
soluciones productivas para el estado. Y esa omisión hoy tiene consecuencias:
un campo improductivo, una industria débil y una economía regional fracturada. En
cualquier economía moderna, las universidades públicas son motores delcrecimiento; en Veracruz, la principal universidad pública ha sido incapaz de cumplir
esa función.
Frente a este escenario, la solución no puede ser incremental ni burocrática. Se
requiere una transformación estructural. La propuesta es clara, viable y urgente:
crear un clúster de investigación científica e innovación tecnológica en cada una de
las 9 Regiones Metropolitanas de Veracruz. Esta propuesta de una nueva
regionalización —ya presentada ante el Congreso del Estado— implica un cambio
de paradigma: pasar de una universidad centralizada a una universidad
regionalizada; transitar de la investigación aislada a la innovación aplicada; convertir
a la UV en el nodo articulador del desarrollo económico.
Hoy, el Congreso del Estado de Veracruz enfrenta una disyuntiva que trasciende lo
jurídico. No se trata únicamente de resolver una interpretación normativa sobre la
rectoría universitaria, se trata de definir si permitirá que continúe: la parálisis
institucional; el uso ineficiente de recursos públicos; la desconexión entre ciencia y
desarrollo. O si, por el contrario, asumirá su responsabilidad histórica: restablecer
la legalidad universitaria, impulsar la regionalización del conocimiento; y, convertir a
la UV en el motor del desarrollo económico.
Un clúster no es solo un centro de investigación, es una plataforma que articula:
universidad, empresas, gobierno y sociedad, para generar soluciones concretas.
¿Qué resolverían estos clústeres? 1. La crisis agrícola alimentaria: agricultura
inteligente (IA, sensores, big data); biofertilizantes y reducción de costos
productivos; y, cadenas de valor agroindustriales. 2. El rezago industrial: innovación
en manufactura ligera; transferencia tecnológica; y, formación de talento
especializado. 3. La pobreza regional: generación de empleo local; retención de
talento; y, desarrollo de economías regionales.
Sin embargo, el fondo del problema es una decisión política pendiente, porque
implementar estos clústeres implica reconocer que: la universidad debe servir aldesarrollo del estado; los recursos públicos deben traducirse en bienestar; y, la
legalidad institucional no puede seguir siendo ignorada. El problema no es técnico,
es político. No estamos frente a un fallo administrativo. Estamos frente a una falla
de Estado, porque mientras el campo se hunde en una crisis alimentaria —
agravada por el encarecimiento de insumos, la dependencia externa y la falta de
tecnología—, la institución que debería generar soluciones permanece inmóvil. Y no
es casualidad. Una universidad atrapada en conflictos de legalidad, con una rectoría
cuestionada y sostenida por decisiones políticas alejadas del marco normativo,
difícilmente puede encabezar un proyecto de transformación.
La crisis universitaria ya no es un asunto interno, es un problema de desarrollo. Y
aquí es donde el debate se vuelve inevitable. Mientras no se resuelva el conflicto de
legalidad que hoy envuelve a la UV, difícilmente podrá encabezar un proyecto de
transformación de esta magnitud. La prórroga ilegal en la rectoría no es solo un
problema jurídico, es un obstáculo para el desarrollo. Y justamente aquí es donde
el Congreso de Veracruz tiene hoy en sus manos una decisión histórica: impulsar la
regionalización del conocimiento y resolver la controversia jurídica que debilita a la
institución, porque no se trata solo de interpretar una norma, se trata de definir si la
Universidad Veracruzana será un actor pasivo del estancamiento o, el motor del
desarrollo que Veracruz necesita.
Los clústeres de innovación representan una ruta clara para reconstruir el campo,
dinamizar la industria y generar empleo. Pero sobre todo, representan algo más
profundo: la posibilidad de que el conocimiento deje de ser discurso y se convierta
en desarrollo. Si esta oportunidad se deja pasar, no será por falta de propuestas:
será por falta de voluntad política. Si este caso se sigue minimizando como un
conflicto interno: se normaliza la discrecionalidad institucional; se debilita el Estado
de derecho; se desperdicia el potencial de la educación superior como palanca de
desarrollo. Pero el costo mayor no es jurídico: es económico y social. Es el costo de
seguir postergando el desarrollo de millones de veracruzanos.
